24 de junio de 2009

Lilita, por Vincent Van Gogh

En sus últimos años de vida, el pintor holandés Vincent Van Gogh nutrió su arsenal pictórico incursionando en el ámbito político.

Por aquella época, una figura de alto renombre entre la aristocracia de París, recorría las tierras circundantes a Arles, pueblo donde el pintor mencionado residía desde hacía ya un tiempo.

La eminente doctora, que admiraba a los máximos exponentes del renacimiento, buscaba la inmortalización de su robusta figura a través de un óleo enmarcado. Y para ello, necesitaba encontrar a algún especialista en el tema.

El destino cruzó el pincel postimpresionista con la silueta de la dama, y el resultado disgustó sobremanera a la señora, que armó un escándalo frente a Vincent, gritándole una y otra vez su enojo, remarcándole que su técnica no se parecía en nada a lo que los grandes maestros del renacimiento nos habían legado.

El pintor, aturdido por el griterío de la candidata a ¿ocupar? un cargo en el parlamento de su país, arremetió contra una de sus orejas, cortándosela. Este hecho provocó el pánico de la mujer, que corrió fuera de la habitación en donde se encontraban, huyendo despavorida de la violenta escena. Ella, líder de la paz y la no violencia, no toleró tales escenas.

Hoy, casi 121 años después, todavía sobrevive aquella pintura que desató la ira de la benevolente y practicante figura política.



Aclaración: no hay ningún trabajo de edición (salvo el marco). Gracias.