Acostumbrado a las andanzas de CríticaDigital, que siempre se esmera por publicar la foto en la cual Cristina Kirchner no ha salido favorecida, me topé con la que ayer (martes) publicó el diario santafesino El Litoral. No de la presidenta, sino la del Gobernador Binner. Lo muestran totalmente desmejorado (fue tomada en un día de viento), señal difusa de que no han tolerado los pasos seguidos por el gobernador.
Y es que el PS está pagando el costo político que no se animaron a asumir las fuerzas que, cobardes, abandonaron el recinto de la cámara de diputados el pasado 16 de septiembre.
Muchas veces, muchos bloggeros despotrican contra el socialismo de Binner, y lo acusa de ser reaccionario, de derecha, etc. Yo no creo que sea así. Creo que son progresistas, que tienen cierto horizonte político con el cual podemos (o puedo yo, personalmente) tener ciertas coincidencias: la ley de medios es una de ellas. Y sí otras divergencias, como los aliados que elige (radicalismo, Carrió), o bien las posiciones que lo acercan a entidades empresarias, tales como AEA, o el derroche de ruralidad que desplegaron a lo largo de 2008.
No me gusta nada de eso.
Pero sus pasos son similares a los del kirchnerismo.
Coincido plenamente en la burla unánime que muchos despilfarramos a la hora de referirnos a exponentes paupérrimos de la izquierda paleolítica (perro dixit) , que enarbolando el rojo pabellón, se acercan luego a la Sociedad Rural o a Bailando por un Sueño para hacer exponencial su incoherencia. Hablo de Vilma Ripoll o de Raul Castells, entre otros pirómanos.
Y me desagrada el apego entre el socialismo y el "campo", pero no podría dejar de reconocerles su derecho a hacerlo. A diferencia de los grupejos diezmados de la izquierda pueril, el socialismo hace gala de algo que las Pelozo o las Ripolles del mundo no poseen: Poder Político. Tienen una gobernación (o dos, si contamos a Fabiana Ríos) , un espacio al que lograron acceder para ejercer sus ideas.
Igual que el kirchnerismo, tuvo su acceso a la política material, a la realidad; el paso desde el mundo de las ideas al mundo fáctico desde el cual se puede llegar a molestar a alguien, verdaderamente, a diferencia de la inocuidad del trotskismo porteño.
Y es en ese plano en cual me posiciono para defender su derecho a aliarse a ciertas porciones del capital lobbistico, sea el "campo", o AEA, o algún otro. Si decimos que para llegar a escalar puestos se necesita del apoyo de ciertos factores de poder, no podemos desprestigiar al socialismo por sus conexiones. Conexiones de las cuales el propio kirchnerismo supo alimentarse, aunque en otras variables: los acuerdos con los gobernadores 'mineros', a cambio de su respaldo; las petroleras; Clarín en sus albores (los del kirchnerismo); o el mismo Reutemann, cuando jugaba para nosotros. Y todos los nombrados son sapos un tanto indigeribles. Y cuyo apego (me refiero a Clarín, el Lole) a los valores del común nacional, popular y progresista son indemostrables y/o inexistentes. Igualitos a sus pares de las patronales agropecuarias.
Glifosato y cianuro ¿cual es peor? ¿los dos por igual?
Y si de Vilma nos reímos, a Hermes no podemos negarle su derecho a tejer alianza con la reacción agrogarca, porque la misma le ha servido para escalar posiciones en el organigrama político; y porque el kirchnerismo, al cual nosotros defendemos, también ha hecho lo suyo para asegurarse el respaldo de cierta reacción (UIA, por agregar más ejemplos). Ambos (K y PS) dos con logros prácticos en su haber.
Lo cierto es que podemos renegar de su afán elitista y antipopular, de sus aliados políticos, y hasta podemos tildarlos de antinacionales. Mas no de los resortes (aunque rurales) de los cuales logran asirse para lograr incluirse en el sistema democrático argentino.
Más, si gracias a esos resortes lograron llegar a sus bancas para votar en favor de una ley tan importante como la que acaba de tener media sanción en la cámara baja. Más, si a diferencia de muchos de sus pares opositores, están dispuestos (a partir de sus principios) a asumir el costo político de la aprobación de la Ley mencionada, y de otras reformas estructurales, aunque no estén dispuestos a votar "contra el campo".
Algo es algo.
Ambos, kirchnerismo y binnerismo, eligieron negociar con la parte de la reacción que prefirieron, para arribar a puertos de poder en los cuales hoy se encuentran.
