- No la soporto (énfasis en la segunda "o") - me dijo ella, en el colectivo, rumbo a la Ciudad Capital, pleno conflicto rural.
- Mi vieja tampoco - me aclaró.
- Si, si... pero yo no soporto a De Vido; ese tipo, loco, no puede ser- me dijo el compañero a la salida de clase.
- Se quieren quedar con todo- me dijo un amigo, clase media tirando a contador, right-friendly.
- Son todos montoneros- me dijo, y se fue para adentro.
- ¿Votaste por el cambio?- me preguntó, segundos luego de encontrarnos a la salida del cuarto oscuro aquel gris 28.
- Ayyy... Mi abuela, por ejemplo, la re-quería. Encima con eso de la jubilación que dieron. Pero ahora... mmmmmm... no la puede ni ver- soltó, desconcertada, piquetes agrarios mediante.
- Pero esto sería solo el comienzo, le quieren poner retenciones a los minerales también; si ganan van por eso- según mi hermano, esto decía uno de sus profesores del secundario, también durante la coyuntura retencionil.
- ¡Son unos comunistas! ¡Andan con Chávez! ¡Se quieren quedar con nuestras casas!- convencida me lo afirmó, (y quizás sea una de las críticas que más me duele) la señora que limpia mi casa, que vive en una humilde morada, que se jubiló en 2007 sin aportes en su haber. Y que me hizo acordar sobremanera a una anécdota que contó alguna vez Allende, salvando todo tipo de distancias.
Las cuestiones entonces:
Habría que empezar por el gabinete. Cambios ya.
Segundo: reconocer que entre la líder y la gente no hay piel, ni razones objetivas. Todo pasa por la percepción. La cuestión "soberbia" deviene en "sensación de autoritarismo".
Obviar todo lo que tenga que ver con macartismo en general.
Muchos han esbozado algunos trazos maestros a la hora de buscar las causas de la derrota. Y quizás, la respuesta pase por lo más simple, por lo más obvio, por lo más común. La derecha gana con eso: con discurso armados del sentido común más endeble. Razón por la cual podríamos asumir que todo en cuanto a explicación se refiere pasa por eso: no es que no entendemos la derrota por ausencia de profundidades argumentativas, sino porque no somos capaces de sumergimos en las banalidades imperantes.
Si el resultado implica la banalización de las interpretaciones y de los escenarios políticos en general (hablo de De Narváez, Macri, el Lole, y no de Pino o Sabatella, por ejemplo) , tal vez debamos recurrir a la simpleza para pedir razones por la derrota.
¿Porque no algo tan simple como el INDEC?
El INDEC y la inflación como meollos de la caída.
En una realidad posmoderna tecnificada, un discurso del político es tomado solo como palabras, mientras que las estadísticas gubernamentales son lo más próximo a lo real que conocemos. Vapulear eso, es vapulear la palabra oficial. Ergo: nos mienten.
Y la inflación.
El problema es que la lucha sindical, que debería servir para conseguir los aumentos salariales necesarios, está tan desprestigiada, tanto por acción externa (medios de comunicación de la derecha) como por acción interna (burocracia sindical, y más), que no contribuye a alentar a los sectores medios para que apoyen las gestiones en este sentido, mientras creen que la "derecha" los salvará de bolsillos flacos.
Entonces repetimos: ¿Y si todo pasó, pasa y pasará por el INDEC y la inflación? ¿Y por los ministros más cuestionados? ¿Y si volvemos a empezar, pero por allí?
La venganza será terrible del 14/10/2026
Hace 10 horas
