12 de junio de 2009

Progresismo y Progresismo


De Narváez: "Soy más progresista que Kirchner"

Jajaja jajaja jajaja... ¡¡buenísimo!! Tiembla Luis Juez.

Próximas aclaraciones de Francisco:

"Estoy más tatuado que Tinelli"

"Soy más radical que Alfonsín"

"Soy más gritón que De Angeli"

"Soy menos sumiso que Solá"

"Soy más cabezón que Eduardo"


Pero volvamos.

Algún blog de por allí (lo digo así porque no recuerdo cual de todos ellos era) afirmaba la necesidad de cambiar la palabra "progresista" por otra. Que los que nos consideramos como tales mutemos de nomenclatura, dada la invasión a la que ha sido sometida esa palabra (progresismo) por parte del "imperialismo mental argentino", derrotada a manos de falsos mesías de esta cosmovisión, y cuya banalización debería incitarnos a dicho giro, orientándonos hacia la búsqueda de un nuevo vocablo.

En verdad, creo que esa actual identificación que buscan los candidatos de la derecha neoclásica argentina, proviene de la utilzación que siempre hizo la oligarquía anti-nacional de la palabra "progreso". "Progreso" como integración de la Argentina en el marco de la división norte-sur (o internacional) del trabajo, progreso como predisposición del aparato productivo argentino en pos del mero desarrollo agrario, progreso como sinónimo de "europeizar lo nativo", importar cultura externa para destruir el sesgo nacional, entre otras características que muchos han sabido enumerar.

Es aquí donde la ¿confusión? se da. No sé sí es confusión en verdad, y quiero evitar todo pecado de ingenuidad. La identificación y/o correlación de los términos Progreso-Progresismo que efectúan los miembros del nativismo foráneo es patente. Caen ó creen ó coinciden con ella, e intentan persuadir posibles seguidores haciéndolos partícipes de la equivocación ideológico-programática. Y yo, por ejemplo, que junto a muchos otros nos consideramos progresistas, no nos 'autoconvocamos' tras la visión clásica del progreso argentino, gestionado por la glorificada "Generación del '80". No somos progresistas del siglo XIX, políticamente conservadores y económicamente liberales, que de ahora en más denominaremos como "los decimonónicos".

Allí está la dificultad que se plantea: terminológicamente, yo soy progresista, porque creo en el progreso. De la misma manera que a alguien que cree en el progreso al estilo "Granero del Mundo", no se lo puede identificar sino de la mismo manera que a nosotros. Pero no creo que la solución sea crear una nueva palabra, sino diferenciar los progresismos.

Ah!, mientras escribo el post, me acuerdo de quien era la otra posteada: de Gerardo Fernández. Y lo releemos.

"Palabra cómoda, palabra comodín, palabra de goma que se adapta a varios moldes, “progresismo” ha padecido desde su instauración una pérdida de sentido y significación alevosa para llegar a ser lo que es hoy, una palabra de moda que cual remera del Che se la puede poner cualquiera", nos dice.

"Y si hoy cualquiera se define “progresista” y nos cuesta hallar elementos para refutarlo, pues vayamos buscando otra palabra que defina al centroizquierda, o si querés al centroizquierda moderado que, según se me ocurre, de eso se trataba en origen el sentido de “progresista”. Se trataba de eso en el marco de una visión transformadora de la realidad: La izquierda era progresista porque entendía que para mejorar la sociedad había que transformarla incluyendo a todos los sectores, progresismo, entonces, era inherente a transformación social, a un paulatino proceso tendiente a la mejora de las condiciones de los sectores más postergados y por qué no, a la eliminación de las clases sociales. Este era el contexto en el que irrumpe el concepto “progresista”. Se ligaba el concepto de progreso a la mejoría de la calidad de la sociedad que en su avance iba eliminando viejas formas de opresión como, sin ir más lejos, la opresión del que tiene que malvender su fuerza de trabajo para sobrevivir. Incluso en nuestras tierras la palabra “progresista” supo servir para diferenciar a las izquierdas “moderadas” de las duras. Ningún monto o ningún perro se bancó jamás que le dijeran “progresista”… odiaban y odian esa palabra con ardorosa pasión militante", sigue.

"Eduardo Buzzi, por ejemplo quiere que el Estado deje de meterse en los negocios del sector. No cuestiona la raíz del problema (el régimen de tenencia de la tierra) no cuestiona la propiedad privada, incluso defiende el sistema de comercialización turbio y lleno de zonas grises y negras del sector agropecuario. Pero claro, lo hace parándose en un falso lugar desde el que se permite desde vivar a las Madres de Plaza de Mayo y correr discursivamente por izquierda al gobierno compartiendo tribunas con la Sociedad Rural Argentina y CARBAP, entidades con la historia manchada de sangre, pólvora y connivencia con las dictaduras más feroces que oprimieron al pueblo" continuó.

"Y por el lado del macrismo chorrean los “progresistas” como Michetti o Narodowsky (...) Si hasta Federico Pinedo últimamente parece progre… Son divorciados, escuchan a Serrat y Sabina, también a Silvio Rodríguez; consumen cine difícil y en muchos casos son refinados degustadores del buen Jazz. Son los nuevos “progresistas”, son modernos, son actuales ¿Entonces dónde está la diferencia? Buena pregunta. La diferencia está en cómo gestionan y qué defienden. Los “progresistas” del PRO defienden el incremento de los subsidios del Estado a la educación privada y al mismo tiempo achican el presupuesto de la escuela pública (...) los “progresistas” del PRO discriminan a los habitantes que no tienen domicilio en la ciudad para que sean atendidos en nuestros hospitales públicos, al mandarlos al fondo de la cola sin importarles que el 90 % de esas personas trabajen y vivan el 70 % de sus días en capital, generalmente limpiando sus propios hogares, los “progresistas” del PRO apoyaron el veto a la creación de laboratorios de la ciudad que suministraran medicamentos a muy bajo costo (...)", continuó esgrimiendo.

Me quedo con el segundo párrafo, por ahora. Teniendo en cuenta que lo que muchos entendemos por progresismo se remite a la caracterización que hizo Gerardo, incorporando la noción que brindamos antes, es que estamos en condiciones de afirmar que existen dos tipos de progresismo: el progresismo como "centroizquierda", y el progresismo decimonónico, propio de la generación del '80, y de lo que su paso por la historia argentina significó. Los intelectuales e historiadores de la academia y su producción literaria (la historia oficial o mitrista) se refieren a aquel período como tal: progreso. A quienes detentan dicha concepción, entonces, no les queda otra que la posibilidad de recibir el mote de "progresistas".

Si nos quedamos con esta categorización, las cuentas cerrarían. De Narváez, Michetti, entre otros, cuajarían dentro del "progresismo decimonónico argentino", ese que tiene al desarrollo rural como único objetivo, ese que ve al granero como cúspide de la realización de la patria, ese que aspiraba: antes a europeizarnos, y ahora, parece, a globalizarnos. Y dentro de esta misma tendencia pro globalización, es que entrarían esos detalles que menciona Gerardo en el último párrafo que cité de su texto, tales como que "lo progre" es comer sushi, escuchar música española o ver cine iraní: esta supuesta apertura mental, para los queridos amigos de la derecha no es más que la materialización individual de las ideas de la globalización que sus teachers del primer mundo enseñan. Si nos replegándonos a la cuestión gestión, confiar o ceder a favor de los laboratorios privados internacionales en lugar de crear los nuestros es otro signo que apunta hacia unísona dirección.

Pero el "progre pro" no se suscribe solo a eso, sino que la discriminación que propina "a la negrada" del conurbano, a los bolivianos, a los peruanos, a los paraguayos, entre otros, no es más que una actualización doctrinaria del derrotero sarmientino, y por ende, decimonónico también. En cierto progresismo decimonónico (perdón por repetir tanto la palabra), como el de Carrió (domingofaustinismo puro puro), esto cambia: no es mera discriminación, sino desprecio por los no iluminados, por el pobrerío "choripanero" y tintodependiente (otrora llamados gauchos por el gran maestro padre del aula Sarmiento bla bla bla, etc.); con un simple giro argumentativo se pretende transformar la culpa propia de no poder ganar nunca una elección, en pecado ajeno: "la culpa es del pobre que no nos votó, y no nuestra que no supimos lograr su voto a favor nuestro; pero no importa: ya lo vamos a liberar", sería la cosa.

No quiero opinar sobre Buzzi, pero también podría incluírselo en la clasificación.

Otro punto para debatir es el Socialismo, el que hoy representa Binner, Giustiniani y compañía. En este caso, creo que existe una yuxtaposición ideológica. Es decir: dicho partido comparte tanto la versión "izquierdista" del progresismo, como la "decimonónica". Esto es evidente, dada las posiciones que sostuvieron y sostienen, en las cuales se refieren, simultáneamente, a los dos frentes: buscan remediar la estructura social argentina, combatiendo la pobreza, o reformando lo tributario, pero, al mismo tiempo, no pueden escapar de la cuestión "Progreso", "Granero", "la Generación del '80". No creen en una economía diversificada, industrial; no proyectan más allá del esquema agro-exportador. Y a esto lo confirmamos cuando escuchamos a Binner decir, en reiteradas ocasiones: "Hace 100 años teníamos un proyecto" (algo escribí hace algunos días sobre esto). Es decir: planean soluciones sociales asiéndose del modelo agroexportador.

El macrismo, cuyo corazón, mente y médula son neoliberales, coquetea hoy en día con lo decimonónico, dados los realineamientos económicos actuales, en donde el ruralismo retoma protagonismo socio-productivo.

¿Y el kirchnerismo? ¡Que pregunta compañeros! No iré tan lejos, por hoy.

Lo importante es que caractericemos de una vez por todas a aquel progresismo, el falso progresismo, el progresismo decimonónico, el progresismo de la derecha económica argentina. Un progresismo que implica aseveraciones políticamente correctas, cierto grado de liberalidad individual (divorcios sí, aborto todavía no), amalgamado con la visión más reaccionaria, anacrónica y dependiente del posible desarrollo argentino. Ese progresismo, en el aspecto político, puede implicar, incluso, tomando casos extremos, el esbozo (por parte de quien posee su germen) de un panorama totalmente de izquierda, o "progresista-izquierdozo", pero que pretende, para la solución de las asimetrías sociales programas de manual ortodoxo.

En fin:

Progresismo de Centroizquierda; Progresismo Decimonónico.

3 comentarios:

Martín LatinoameriKano dijo...

Excelente realmente.

Un debate de puta madre, en el que si incluimos peronismo, socialismo, izquierda, kirchnerismo... nos volvemos locos mal.

Por eso, ninguno de todos estos rótulos tienen valor hoy. Bah, tienen mucho valor: detrás de cada rótulo hay un electorado, hay una historia, etc. Pero a la hora de los bifes necesitamos una ecuación de Schrödinger para definir a la política. La ecuación de Schrödinger expresa la probabilidad de ubicar en espacio y tiempo a un electrón. Acá pasa igual. Es mas probable que quien se siente cerca del peronismo esté del lado de la justicia social, pero no necesariamente cierto. Es mas probable que el que sigue a Pino Solanas crea que se necesita una nueva ley de radiodifusión, pero no es necesariamente cierto.

Tenemos que empezar a hablar en términos de probabilidades, y, a pesar de todo, las opciones son binarias: menemismo o kirchnerismo, y ahí se terminó. Tenés mas probabilidades de entrar de un lado o del otro, pero te tenés que quedar de un lado o del otro.

El problema es que muchos no se dan cuenta de eso, y caen en el menemismo sin saber que están ahí. Y a la hora de votar, votan con Menem, como Lozano.

EL ASESOR dijo...

GRACIAS POR EL COMENTARIO! POR FIN UNO!! JEJE...

SALU2!

Martín LatinoameriKano dijo...

¡Tu blog es muy bueno! Pero es nuevito.

Lo que pasa es que toma tiempo agarrarle el ritmo a la blogósfera. Cuándo empecé, hace 8 o 9 meses mas o menos, no medía las visitas... cuándo las empecé a medir rondaba las 15-20 visitas diarias, con suerte 40-50, rara vez tenía un comentario. Hoy miré las estadísticas y tenía 290 visitas mas o menos, la verdad que nunca me lo esperé, ni sé si se repetirá, pero la blogósfera funciona totalmente en red, por referencias. Yo te tengo en mi blogroll, no será mucho pero es algo.

¡Saludos!